Fernando Moreno Ruiz

Pintor e Ingeniero Informático Malagueño

El encuentro del mundo interior con la justicia y la cárcel.

Este encuentro podrá sentirlo cualquier persona que vea dos de mis obras durante al menos 15 días una al lado de la otra. Dado que una expresa el odio interior de la incomprensión del mundo y otra expresa el odio contrapuesto (la privación de la libertad por tener ese odio).

Frankestein, Acrílico sobre lienzo 81x65cm

La primera obra es Frankestein. Esta obra muestra el odio ocasionado por sentir que tu creador no entiende tus necesidades interiores de amor y cariño. En este caso el engendro de Victor Frankestein fue creado por él de una forma en contraposición del mandamiento de Dios (cada uno en su corazón lo entenderá). No había placenta que cuidara su creación, la energía maternal que genera la belleza en todas las cosas del mundo. Lo hizo a través del conocimiento científico dando vida a trozos de animales muertos. Así que creó un mostruo en aspecto.

Aunque no lo creais este monstruo era un ser sensible, muy sensible con el mundo. El mundo le hacía mover muchos sentimientos en su mundo interior. Sentía lo que parecía un amor por el ser humano muy grande. Pero por su falta de armonía en el aspecto, su aspecto horrendo, los seres humanos lo condenaban. Su aspecto generaba terror comprensible, porque el ser humano se mueve por la apreciación de la apariencia externa más que por su emociones interiores (y paradojicamente este factor llevado al extremo es el que rompe la humanidad de las personas también).

Esta condición del ser humano de no aceptar su horrenda apariencia hizo que el engendro tuviese que huir de los humanos que le maltrataban y le pegaban para que se fuera. Así generó un gran odio en su interior hacia los humanos. Un odio con el que intentaba proteger su sensibilidad a toda costa. Así que canalizó su odio hacia los que infantilmente amaba. Este amor siempre era desde la distancia e idealizado ya que en el momento que se encontraba con los humanos que amaba, este amor era imposible de proceder porque los humanos desconfiaban de él por su aspecto horrendo y él no aceptaba este hecho.

Esta incapacidad de ser amado y su empeño por culpar a los humanos de su falta de humanidad por no ver su bello interior tras ese horrendo aspecto creó un fuego de odio y destrucción hacia ellos.

Este odio lo quiso canalizar de nuevo hacia una petición a su creador Victor Frankestein. Quería que le hiciera una compañera. Con gran elocuencia en un inicio convenció a su creador, aquí os muestro el fragmento del libro de Mary Shelley que podeis leer gratuitamente en esta web creada por mi (https://www.lalibreriamagica.com/book/Frankenstein):

«—Debéis crear una compañera para mí, una mujer con la que pueda vivir, que me comprenda y a la que yo pueda comprender, para poder existir. Solo vos podéis hacerlo, y lo exijo como un derecho que no debéis negarme.

Cuando dijo aquello, no pude contener la ira que ardía en mi interior.

—¡Pues claro que me niego! —contesté—, y por nada del mundo conseguirás que acceda a ello. Puedes convertirme en el hombre más desgraciado de la Tierra, pero no conseguirás que me rebaje y me convierta en un ser despreciable ante mí mismo. ¿Es que debo crear otro ser como tú, para que vuestra maldita alianza destruya el mundo? ¡Apártate de mí! Ya te he contestado. Puedes matarme, pero no lo haré.

—Estáis equivocado —replicó—; y, en vez de amenazaros, estoy dispuesto a razonar con vos. Soy malvado porque soy desgraciado. ¿O no me desprecia y me odia toda la humanidad? Vos, mi creador, me destrozaríais en mil pedazos y os preciaríais de semejante triunfo. Recordad eso… y decidme por qué debería apiadarme de un hombre que no tiene piedad de mí. Si me arrojaseis a una de esas grietas de hielo y destruyerais mi cuerpo, obra de vuestras propias manos, ni siquiera lo llamaríais asesinato. ¿Debo respetar a un hombre que me condena? Mejor será que convivamos y colaboremos amablemente, y, en vez de daños, derramaría sobre vos todos los beneficios imaginables, con lágrimas de gratitud. Pero eso no puede ser; las emociones humanas son barreras infranqueables para nuestra alianza. Pero no me someteré como un esclavo abyecto. Vengaré mis sufrimientos; si no puedo inspirar amor, causaré terror; y principalmente a vos, mi enemigo supremo, porque sois mi creador, os he jurado odio eterno. Me esforzaré en destruiros, y no daré por terminada mi tarea hasta que arrase vuestro corazón y maldigáis la hora de vuestro nacimiento.

Una ira diabólica animó su rostro cuando dijo aquello; su cara se contraía en muecas demasiado horribles para que un ser humano pudiera tolerarlas; pero inmediatamente se calmó y continuó.

—Intentaba razonar… Esta obsesión me perjudica, porque no comprendéis que solo vos sois la única causa de su fuego. Si alguien fuera capaz de ser bondadoso conmigo, yo devolvería entonces esa bondad doblada cien y cien veces; solo por una criatura así, sería capaz de hacer las paces con toda la humanidad. Pero ahora estoy fantaseando con sueños que nunca podrán cumplirse. Lo que os pido es razonable y justo. Solo exijo una criatura de otro sexo, pero tan espantosa como yo. Es un consuelo pequeño, pero eso es todo lo que puedo recibir, y será suficiente para mí. Es verdad que seremos monstruos y que estaremos apartados del mundo, pero precisamente por eso nos sentiremos más unidos el uno con el otro. No seremos felices, pero no haremos mal a nadie y no sufriremos la desdicha que ahora siento yo. ¡Oh… mi creador! Hacedme feliz; permitidme que sienta gratitud hacia vos por ese único acto de bondad para conmigo. Permitidme comprobar que soy capaz de inspirar la comprensión de otra criatura. No me neguéis esta petición.

Me sentí conmovido. Temblaba cuando pensaba en las posibles consecuencias de aceptar, pero creí que había una parte de justicia en su argumentación. Su relato y los sentimientos que ahora expresaba demostraban que era una criatura de emociones delicadas; y yo, como su hacedor, ¿no debía proporcionarle toda la felicidad que estuviera en mi mano concederle? Él percibió el cambio en mis sentimientos y continuó.

—Si consentís, ni vos ni ninguna criatura humana nos volverá a ver jamás. Me iré a las vastas selvas de América. Mi alimento no es como el de los hombres; yo no mato a un cordero ni a un cabrito para saciar mi apetito. Las bellotas y las bayas me proporcionan suficiente alimentación. Mi compañera será de la misma naturaleza que yo y se contentará con lo mismo. Haremos nuestro lecho con hojas secas; el sol nos iluminará como a todos los hombres y madurará nuestros alimentos. Estás emocionado. El cuadro que os presento es amable y humano, y debéis sentir que solo os podríais negar haciendo uso de una tiranía y una crueldad caprichosas. Aunque habéis sido despiadado conmigo, veo compasión en vuestros ojos. Permitidme que aproveche este momento favorable y os persuada para que me prometáis lo que tan ardientemente deseo.

—Has prometido que os apartaréis de los lugares donde habitan los hombres —contesté— e iréis a vivir a las selvas desiertas donde las bestias del monte serán vuestra única compañía. ¿Cómo vas a poder mantener esa promesa de exilio, tú, que ansias tanto el cariño y la comprensión del hombre? Volverías, y buscarías su comprensión, y volverías a encontrarte con su desprecio; tus malvadas pasiones se reavivarían, y entonces contarías con una compañera que te ayudaría a cumplir tus deseos de destrucción. Apártate… No puedo aceptar.

El monstruo contestó con vehemencia:

—¡Qué inconstantes son vuestros sentimientos…! Solo hace un momento parecíais conmovido por mis súplicas: ¿por qué volvéis a endureceros ante mis quejas? Os juro, por la tierra que piso, y por vos, que me habéis creado, que con la compañera que me concedáis me alejaré de la presencia de los hombres y viviré, si es necesario, en los lugares más salvajes. Mis malas pasiones desaparecerán, porque habré encontrado la comprensión. Mi vida transcurrirá apaciblemente, alejada de todo, y en el momento de morir no maldeciré a mi hacedor.

Sus palabras tuvieron un extraño efecto en mí. Me compadecí de él y, por un momento, sentí el impulso de consolarlo; pero cuando lo miraba, cuando veía aquella masa inmunda que se movía y hablaba, mi corazón enfermaba y mis sentimientos se transformaban en horror y odio. Intenté sofocar esas emociones. Pensaba que, aunque no pudiera apreciarlo en absoluto, no tenía derecho a negarle la pequeña porción de felicidad que estaba en mi mano poder proporcionarle.

—Juras no hacer daño a nadie —dije—, pero ¿no has demostrado ya tu implacable maldad? ¿No debería desconfiar de ti? ¿No será esto una trampa para engrandecer tu victoria? ¿No estaré proporcionándote más ocasiones para tu venganza?

—¿Cómo…? —exclamó—. Pensaba que os habíais compadecido de mí y, sin embargo, aún os negáis a concederme el único bien que aplacaría mi corazón y me convertiría en un ser inofensivo. Si no tengo relaciones ni afectos, me entregaré al odio y a la maldad. El amor de otro ser destruirá la razón de mis crímenes y me convertiré en algo de cuya existencia nadie sabrá. Mis maldades son hijas de una soledad forzada que aborrezco, y mis virtudes florecerán necesariamente cuando reciba la comprensión de un igual. Sentiría el afecto de un ser vivo y me convertiría en un eslabón en la cadena del ser y de los acontecimientos de los que ahora estoy excluido.

Me detuve algún tiempo a reflexionar en todo lo que había dicho y a meditar los argumentos que había empleado. Pensé en las prometedoras virtudes que había mostrado al principio de su existencia; y en la subsiguiente ruina de todos aquellos amables sentimientos, por culpa del desprecio y el espanto que sus protectores habían manifestado hacia él. En mis cálculos no olvidé ni su fuerza ni sus amenazas: una criatura que podía vivir en las grutas de hielo de los glaciares y podía ocultarse de sus perseguidores en las aristas de precipicios inaccesibles era un ser que poseía facultades a las que era imposible hacer frente. Después de una larga pausa para meditar, concluí que la justicia debida tanto a él como a mis semejantes me obligaba a acceder a sus peticiones. Así pues, volviéndome hacia él, le dije:

—Accedo a tu petición, con la siguiente condición: que me prometas solemnemente que abandonarás Europa, y cualquier otro lugar donde haya seres humanos, tan pronto como ponga en tus manos la hembra que te acompañará en tu exilio.

—¡Lo juro —gritó—, por el sol y por los cielos azules del Paraíso, que mientras existan jamás volveréis a verme! Marchad, entonces, a vuestra casa y comenzad los trabajos. Observaré vuestros avances con incontenible ansiedad, y, descuidad, que cuando todo esté preparado, yo apareceré.

Y diciendo aquello, rápidamente se alejó de mí, temeroso quizá de que cambiara de opinión. Le vi descender la montaña más veloz que el vuelo del águila y rápidamente lo perdí de vista entre las ondulaciones del mar de hielo.»

Cualquiera que lea este fragmento quedará convencido de que el engendro tenía derecho a la creación de su pareja. Pero la realidad es que no es así. El creador es el que tiene derecho a decidir lo que crea o deja de crear, sólo él decide. Si él engendro lo manipula o se enfada es un acto infantil y un intento de usurpación del poder.

Aunque en un inicio Victor aceptó crearle una compañera, cuando ya la tenía creada en presencia del engendro la destruyó. Ya que crear algo sin energía maternal, iba a generar más destrucción en el mundo. Tras la negativa de Victor a la creación de la pareja, el engendro comenzó a matar a todos los seres queridos de Victor. Pensaría algo como «¿tú me niegas el amor de una compañera? entonces no tendrás a ningún ser querido en el mundo.»

Está claro que el engendro no amaba al ser humano solo lo usaba para intentar apagar ese odio tan grande en su corazón. Para acallar ese fuego que ardía en demasía y le producía un gran dolor. Este se puede apreciar en el cuadro. Este fuego, el que le produce el dolor y justifica en su mente la destrucción exterior que se puede apreciar en el cuadro con trazas de sangre y el reflejo en sus ojos de la destrucción.

Como un niño que no es capaz de aceptar su limitación y con el berriche destruye el mundo y su propia sensibilidad. Centra su vida en el odio (en el barrinche) generado por su incapacidad por no tener lo que desea y no procesa una tolerancia a su frustración. Por eso los delicuentes tienen una mentalidad infantil. Como se puede leer también en la obra de Bram Stoker, Drácula (que podeis leer también en mi web gratuitamente https://www.lalibreriamagica.com/book/Dracula).

«En los criminales existe esa peculiaridad. Es tan constante en todos los países y los tiempos, que incluso la policía, que no sabe gran cosa de filosofía, llega a conocerlo empíricamente, que existe. El criminal siempre trabaja en un crimen… , ese es el verdadero criminal, que parece estar predestinado para ese crimen y que no desea cometer ningún otro. Ese criminal no tiene un cerebro completo de hombre. Es inteligente, hábil, y está lleno de recursos, pero no tiene un cerebro de adulto. Cuando mucho, tiene un cerebro infantil. Ahora, este criminal que nos ocupa, está también predestinado para el crimen; él, también tiene un cerebro infantil y es infantil el hacer lo que ha hecho. Los pajaritos, los peces pequeños, los animalitos, no aprenden por principio sino empíricamente, y cuando aprenden cómo hacer algo, ese conocimiento les sirve de base para hacer algo más, partiendo de él. Dos pousto, dijo Arquímedes, ¡dénme punto de apoyo y moveré al mundo! El hacer una cosa una vez es el punto de apoyo a partir del cual el cerebro infantil se desarrolla hasta ser un cerebro de hombre, y en tanto no tenga el deseo de hacer más, continuará haciendo lo mismo repetidamente, ¡exactamente como lo ha hecho antes!»

Como podemos ver en el texto de Bram Stoker la base de la criminalidad se basa en una mente que no ha podido madurar suficiente y quedó en un bucle infantil. Así quedó igualmente el engendro y quedamos nosotros cuando no maduramos en cierto aspecto.

Hoy día esta falta de madurez es más frecuente en la sociedad que en generaciones anteriores. Porque se da más derecho al niño que al adulto y esto no puede ser así. El creador es quien tiene el derecho de decidir. Otra cosa se debería considerar usurpación de poder. ¿Y os preguntareis, por qué digo esto?

Lo digo porque como bien dice el texto de Bram Stoker «y tanto no tenga el deseo de hacer más, continuará haciendo lo mismo repetidamente». Si se le da el poder al niño de decisión no podrá madurar porque él no debe decidir, ese no es su sitio. El niño al igual que cualquier ser humano intentará evitar el dolor. Pero solo dejando que el niño o la persona infantil sienta el dolor de la verdad, llegará a sentir «el deseo de hacer más». Solo en ese caso, no ocurrirá mientras nos apiedemos de su dolor y lo queramos salvar de su propio dolor. Esto no es cruel, sino ser un buen padre que permite el crecimiento de su hijo.

Todo esto es el mundo interior del ser humano, que lleva a desear cosas que a veces el mundo no le permite obtener. Pero si sigue empeñado durante su vida a conseguir lo que no puede conseguir, se encontrará con el segundo cuadro.

Cárcel, Acrílico sobre lienzo 73x60cm

Si esa mente infantil no comprende que su expresión de odio hacia el mundo es peligroso hacerlo de ciertas formas, es necesario mostrarle el segundo cuadro. Este será el destino de aquel que no madure suficiente hacia el mundo y se encabezone en solo mirar su mundo interior. En dar más importancia a su mundo interior que al mundo exterior. Pero no nos equivoquemos porque ambos son igual de importantes. Dado que centrarse solo en tu mundo interior puede llevarte a la carcel, sin embargo las personas que se extralimitan a vivir en el mundo exterior (hacia todo lo que el mundo exterior le pide sin planteamientos, sin parar en su sentir interior) sentirán un gran vacio interior.

Estas personas evitarán la cárcel facilmente, pero pagan el precio de crear una carcel de insensibilidad en su propio mundo interior. Así no reconocen que son criminales (o pecadores como diría Jesucristo) porque no sienten el odio en su interior, pero tampoco sienten el amor verdadero. En su mente creen que no cometen pecado alguno porque desconectaron el sentir de su mundo interior para convencerse de que su mente ya era adulta.

El cuadro de la cárcel expresa la importancia de establecer los límites entre el mundo interior y el mundo exterior. Si no te comportas irás a la cárcel. Si permites que tu mente infantil perdure irás a la cárcel. Pero esta dureza también es muy triste, porque las personas que van a la cárcel son personas sensibles. Hermanos de nosotros, que cargan con el peso del mundo interior y no han podido crecer lo suficiente. Y quién no tiene compasión por ellos, son más inmaduros en la vida que estos criminales. Porque si se permitieran sentir su mundo interior, llegarían a la cárcel un día antes que cualquiera de los criminales a los que juzga.

Quien se ha limitado en desarrollar su mundo exterior sin sentir su mundo interior creerá que es una persona madura porque los hombres se lo dicen. Pero lo cierto es que desarrollar tu mundo exterior en consonancia con tu mundo interior es lo más díficil que hay en este mundo para el ser humano. Así que quien criquite a cualquier persona nunca le será permitido llegar a este equilibrio. Ya que este equilibrio se alcanza a través de la compasión por los demás y el reconocimiento de nuestras propias faltas y debilidades.

Creer que la cárcel es el lugar justo para un hermano que es pecador al igual que tú hará que tu cárcel interior se haga aún más fuerte y tu desconexión con la vida sea aún peor. Solo la compansión y el amor verdadero será el camino de conciliación entre tu mundo interior y tu mundo exterior.

Esto es lo que enseña el Nuevo Testamento y predicaba Jesucristo. Reconozco que es un camino muy dificil, pero considero que muestra el camino verdadero de la vida. Y también podeis leerlo en mi web aquí (https://www.lalibreriamagica.com/book/Nuevo%20Testamento).

Deseo que este artículo abra los ojos a quien lo lea y le despierte una chispa en el corazón por el amor.

Muchas gracias,

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